“Cuando niños, nuestra fragilidad y dependencia
respecto de nuestro entorno nos doblegó, y el
sufrimiento nos ha dejado en un estado de alarma
automática y obsoleta. Necesitamos aprender, por
lo tanto, a relajarnos ante el dolor, aceptando la
realidad de nuestra experiencia y encontrando la
actitud más sana posible frente a lo que nos duele
o molesta. Tarde o temprano, descubriremos que
tal actitud sana es una actitud amorosa. Pero
saberlo no nos ahorra el proceso, pues ello es
mucho más fácil de decir que de hacer: nuestro
amor es, por lo general, muy delicado y soporta
poco las frustraciones. Ser capaces de mantener
viva la llama del amor cuando más duele es
característico de la compasión que -como hemos
visto- es hermana de la sabiduría.”
Claudio Naranjo

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